¡Vuestra sobreprotección no me hará ningún bien!

Queridos papá y mamá, en esta ocasión me gustaría poder abordar con vosotros un aspecto sobre mi educación que me preocupa. No tengo ninguna duda del amor que me profesáis; me lo demostráis todos los días, pero no quiero que caigáis en el error de sobreprotegerme. Para que podáis entenderme, quiero explicaros en qué consiste la sobreprotección y las negativas consecuencias que tendrá para mí a la hora de enfrentarme a la vida.

Cuando os planteasteis ser padres, os surgieron millones de dudas en vuestra cabeza, ¿lo haremos bien?, ¿sabremos apoyarle en todo momento?, ¿seremos unos buenos padres?, etc., entre toda esa infinidad de miedos y dudas, totalmente comprensibles debido a la magnitud que supone ser padres, había algo que teníais realmente claro, y es que me querríais con locura y me protegeríais de cualquier circunstancia o problema que pudiese hacerme sufrir.

Hasta este punto, este instinto de protección es más que lícito y necesario, pero me gustaría compartir con vosotros la necesidad de poner una serie de límites a vuestros miedos ante la mínima posibilidad de que yo sufra.

En vuestra gran misión como padres tenéis la obligación de cuidarme, enseñarme el mundo y sobre todo mostrarme cómo interactuar dentro de él, por ello quiero que entendáis que no vais a poder protegerme de todas las situaciones que me toque vivir, y que, aunque lo pudieseis hacer, me estaríais perjudicando en vez de beneficiando.

Os voy a explicar por qué: como niño necesito enfrentarme a situaciones en las cuales no consiga tener el control, como puede ser el hecho de que en un momento determinado un amigo me quite un juguete en la escuela, o que cuando esté corriendo en el parque pueda caerme y hacerme daño. Con esto no quiero deciros que no significa que tengáis que dejarme a mi libre albedrío, lo que quiero transmitiros es que es necesario que me deis mi espacio para que pueda equivocarme y aprender de mis propios errores.

Cuando me manden ejercicios en el colegio y no sepa hacerlos, tendréis que ayudarme a que los comprenda, pero nunca podréis hacerlos por mí, porque entonces nunca me esforzaré y cuando sea mayor, cuando encuentre una situación difícil, no habré aprendido a enfrentarme a ella, sino que estaré acostumbrado a que seáis vosotros los que me solucionéis los problemas.

En vez de sobreprotegerme, lo que os pido es que me acompañéis en todo mi proceso madurativo, me guieis en la toma de mis decisiones, enseñadme a valorar las opciones y a que sea yo el que decida. Existirán multitud de situaciones en las cuales vosotros como adultos tendréis que decidir qué es lo que me conviene: horarios, rutinas del día a día, límites, estrategias para la gestión de mis rabietas, etc.

El hecho de que me permitáis equivocarme, que aprenda a levantarme cuando me caigo tanto en el sentido literal, como en el sentido figurativo, me ayudará a tener un autoconcepto positivo de mí mismo, así como una alta autoestima. Si me solucionáis todos los problemas, por pequeños que sean, aprenderé el esquema de que siempre será un agente externo el que lleve el control de mi vida. Este esquema no me ayudará en mi futuro, ni me ayudará a sentirme válido.

Por todo esto, queridos papá y mamá, os pido que reflexionéis sobre ello y podáis aplicar el sentido común a todas las decisiones que toméis, y que siempre dejéis un espacio para que yo vaya conformando mi personalidad enfrentándome poquito a poco a las dosis de realidad tan necesarias para enfrentarse a la vida misma.

Os quiere vuestro hijo.

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